Esta semana hemos empezado en clase de ética las diversas teorías éticas, clasificadas en formales y materiales. La clasificación proviene del filósofo alemán Immanuel Kant, quien las distingue en función de la consideración de los medios y los fines. Para la consecución de determinados fines o metas, debo utilizar mi razón práctica para considerar qué medios son los más adecuados para alcanzar dichos fines, entendiendo como razón práctica el uso de la racionalidad aplicado a las acciones, deliberaciones, decisiones, etc. Según el filósofo de Königsberg, las éticas materiales son las que proponen un fin como un Bien Supremo, y además la mejor vía para conseguirlos, es decir, los medios. En cambio, las éticas formales prescinden de toda finalidad material, concreta, de todo “Bien Supremo” y por tanto de la reflexión sobre los medios orientados a su consecución.
A partir de aquí, traemos al pensador pionero de la filosofía política realista o “científica”, Nicolás Maquiavelo, quien propone en su obra El Príncipe la teoría y la práctica para conseguir el poder y mantenerse en él por medio del ejercicio de las virtudes políticas, desde el enfoque de la separación radical entre ética y política. Uno de los axiomas maquiavélicos es que el fin justifica los medios; por tanto, si aplicamos el axioma maquiavélico, uno puede (y debe) hacer cualquier cosa, aunque vaya en contra de los principios de la ética, con tal de mantenerse en el poder. Veamos el texto:
“Pero, siendo mi propósito escribir algo útil para quien lo lea, me ha parecido más conveniente ir directamente a la verdad real de la cosa antes que a la representación imaginaria de la misma. Muchos se han imaginado repúblicas y principados que nadie ha visto jamás ni se ha sabido que existieran realmente; porque hay tanta distancia de cómo se vive a cómo se debería vivir, que quien deja a un lado lo que se hace por lo que se debería hacer, aprende antes su ruina que su preservación: porque un hombre que quiera hacer en todos los puntos profesión de bueno, labrará necesariamente su ruina entre tantos que no lo son. Por todo ello es necesario a un príncipe, si se quiere mantener, que aprenda a poder ser no bueno y a usar o no usar de esta capacidad en función de la necesidad.” (MAQUIAVELO, El príncipe)
En la actualidad podemos encontrar muchos ejemplos de maquiavelismo político, como en el caso Gurtel o el caso de los alcaldes y concejales del Caso Pretoria, donde personajes públicos, cargos importantes de partidos políticos implicados en casos de corrupción, líderes que los apoyan incondicionalmente, reacionan desesperadamente para mantener su cargo o posición, a pesar de las evodencias y pruebas en su contra… Sin embargo, la polémica está servida: ¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS?
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